Cuando pensamos en autoestima, solemos imaginar una sensación clara y firme de seguridad personal. Como si tener buena autoestima fuera una meta a alcanzar, algo estable, fuerte y siempre disponible. Pero lo cierto es que la autoestima no es algo que simplemente se tiene o no se tiene, sino que es algo que se construye, cambia, se cuida y, a veces, se tambalea e incluso se cae.
La autoestima se define como la imagen interna que construimos sobre nosotr@s mism@s, es decir, cómo nos percibimos, valoramos y sentimos respecto a nuestro propio valor y capacidades. Además, también es cómo nos tratamos en los momentos difíciles, la forma en que nos hablamos cuando algo no sale como esperábamos y cómo nos acompañamos en la incomodidad, en el error o en la duda.
Por esto mismo, podemos empezar a imaginarla como una forma de estar con un@ mism@, una relación, algo que podemos ir construyendo en lo cotidiano acercándonos al respeto, la paciencia y el cuidado propio.
¿Y si no fuera necesario sentirse bien todo el tiempo para tener autoestima? Al pensar que tenemos que estar siempre seguras, caemos en la exigencia y en el irrealismo. Qué injusto es esto hacia nosotr@s mism@s, ¿verdad? No se trata de forzar pensamientos positivos, sino de crear una base de cuidado que permanezca incluso cuando surgen críticas o incomodidades internas para poder tratarnos con respeto y sostenernos en esos días en los que no nos sentimos suficientes.
Si bien esto no se construye de un día para otro, os dejamos algunas prácticas que pueden ir ayudando en la transición a una relación interna más amable y sólida en el tiempo:
- Escúchate sin juzgarte
Presta atención a qué sientes, sin intentar minimizarlo o corregirlo, simplemente validándolo y acogiéndolo. No intentes buscarle una explicación, a veces, es suficiente con reconocer lo que sentimos para cuidarnos.
- Observa cómo te hablas
¿Te hablarías así si fuera otra persona la que se encuentra en tu situación? El diálogo interno puede volverse duro sin darnos cuenta, es importante notar ese tono y probar una voz más compasiva. ¡Ya verás qué diferencia!
- Celebra lo que sí
No todo es logro o avance, a veces es sostener, levantar o estar. Reconoce aquello que hace bien, aunque parezca pequeño o cotidiano, para ir construyendo tu propio valor.
Recuerda, cuidarte también es valorarte. No hay una autoestima ideal, pero podemos cultivar una forma de tratarnos que sea más suave, real y presente, en las buenas y en las malas. Y si lo necesitas, pide ayuda para transitar este proceso.

