Pequeños pasos hacia una relación más amable con la comida por Natalia Bernal

Hablar de la relación con la comida no siempre es sencillo. A veces está atravesada por normas aprendidas, por emociones difíciles o por años de escuchar mensajes que la han vuelto más compleja de lo necesario al decirnos qué, cómo y cuánto deberíamos comer, llegando incluso a clasificar los alimentos como “buenos” o “malos”. ¿Cómo no se va a volver tensa, confusa o culpable nuestra relación con la comida ante este escenario? Sin embargo, existe otra forma de vincularnos con los alimentos, desde el autocuidado, la escucha y la presencia.

Construir una relación más amable con la comida no significa hacerlo “perfecto”, ni comer siempre “saludable”. Se trata, más bien, de dejar espacio a la escucha, al cuidado y a una forma de alimentarnos más conectada con lo que somos y sentimos. 

Para ello, os dejamos aquí algunos pequeños gestos con los que poder empezar:

  1. Escuchar el cuerpo, no las reglas

Muchas veces, comemos siguiendo normas externas: la hora que “toca”, la cantidad “adecuada”, lo que “debería ser”… En lugar de eso, ¿y si empezamos a escuchar el cuerpo? A veces tenemos hambre, otras veces no. A veces necesitamos más, a veces menos. No hay una única forma correcta, hay señales en nuestro cuerpo que podemos aprender a observar.

  1. Dar lugar al disfrute

Comer cosas ricas no debería ser motivo de culpa, el placer también es parte de una alimentación saludable y equilibrada. Dar lugar al disfrute, sin compensar o castigarse después, es un acto de autocuidado. Comer no tiene que ser un terreno de lucha, puede ser un espacio de calma y placer.

  1. Validar lo que la comida significa para ti

La comida no cumple sólo una función física, también puede tener un valor emocional, social o cultural. Reconocer esto es importante. Tal vez ciertos platos te conectan con tu infancia, con momentos de cuidado, con celebraciones o con personas importantes. Validar ese significado, en lugar de juzgarlo, también forma parte de una relación más consciente con la comida.

Y recuerda, una relación se construye poco a poco. La relación con la comida no tiene que ser un campo de batalla. No se trata de una meta final, sino de una práctica diaria. Desde el autocuidado y la conciencia, podemos construir una forma de alimentarnos que no esté marcada por el miedo o el control, sino por el respeto a lo que somos y lo que sentimos, soltando reglas rígidas y eligiendo, cada día, escucharnos con un poco más de amabilidad.

 

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