El miedo a decepcionar: vivir intentando no fallar a nadie por Alicia Moreno

Para muchas personas, la idea de decepcionar a alguien resulta profundamente angustiante. Es debido a esta angustia que evitan decir que no, se adaptan a las expectativas ajenas y hacen todo lo que esté en sus manos por no generar conflicto. A priori, vivir así puede parecer una forma de cuidar a los demás, pero la realidad es que tiene un coste emocional elevado.

Este miedo, normalmente, no aparece de la nada. Suele tener raíces en experiencias pasadas en las que el afecto, el reconocimiento, la seguridad o la aprobación dependían de cumplir con lo esperado y satisfacer expectativas. Sin que nos demos cuenta, aprender a no fallar se convierte en una estrategia de supervivencia emocional.

Cuando agradar se convierte en una obligación
El problema surge cuando esta forma de relacionarse persiste en la edad adulta. Empiezas a tomar decisiones teniendo más en cuenta cómo afectarán a los demás que cómo te impactan a ti y, poco a poco, te vas dejando en segundo plano.
Esto suele ir acompañado de culpa cuando te priorizas, de miedo al rechazo y de una constante vigilancia de tus actos. El resultado, como te imaginarás, es una sensación de desgaste y, muchas veces, de frustración acumulada.

Decepcionar también forma parte de vivir
Es imposible vivir alineado contigo mism@ y con tus valores sin decepcionar a nadie. Decir que no, poner límites o elegir un camino diferente implica aceptar que no siempre gustarás o caerás bien a todo el mundo, y que no pasa nada por ello.
Aprender a tolerar esa incomodidad es un paso fundamental hacia una vida más auténtica. No se trata de hacer daño o lastimar a otros, sino de reconocer que tus necesidades también son importantes.

Elegirte sin sentir que haces algo mal
Trabajar el miedo a decepcionar implica revisar creencias arraigadas acerca de tu valor y de lo que sucede cuando no cumples expectativas. En terapia psicológica, muchas personas descubren que pueden establecer límites sin perder el vínculo y que decir que no no les convierte en malas personas. Elegirte no es fallar a los demás, es empezar a serte fiel.
Y si este miedo condiciona tus decisiones y tu bienestar, recuerda que puedes pedir ayuda para aprender a relacionarte contigo mismo y con los demás desde un lugar más sano y equilibrado.

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